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Roland Garros 2023: Atención, Djokovic despierta | Deportes

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Venga, adelante, un poquito más. Más alto…

La particular relación de Novak Djokovic con la grada de París vive este domingo el enésimo episodio cuando el serbio firma un buen punto –con 4-2 a favor, en el primer parcial– y empieza a gestualizar. La grada de la Chatrier, con ganas de marcha siempre, empieza a pitar y Nole entra al trapo enzarzándose, pidiendo al respetable que aumente los decibelios porque suena música para sus oídos y por cada chiflido crece un punto su deseo de conquistar este Roland Garros. No va por mal camino: 6-3, 6-2 y 6-2 a Juan Pablo Varillas, en 1h 57m. Esto es, desfilará una vez más por los cuartos de final, y son ya 17; nadie, ni siquiera el mismísimo Rafael Nadal, 16, lo ha hecho en tantas ocasiones; tampoco Roger Federer, 12.

El suizo contempla el torneo por la televisión, Nadal lo hace de reojo desde la camilla –cinco meses de baja tras pasar por el taller, psoas y cadera– y él sigue descontando casillas en la arena francesa, donde empieza a definirse la franja dulce del torneo. Sin estar del todo fino, y “jugando al gato y al ratón” otra vez con el públicoDjokovic ya sobrevuela la antepenúltima ronda, en la que se medirá con Karen Khachanov. El ruso, undécimo del mundo, levanta el set concedido al italiano Lorenzo Sonego (1-6, 6-4, 7-6(7) y 6-1), pero advierte la llegada del balcánico y sufre sudores fríos, toda vez que la estadística refleja una sola victoria en los nueve partidos contra él; queda lejos, en 2018, y fue precisamente en París. Eso sí, bajo techo y en dura, Bercy.

Se inclinan en las rampas, se avecina el lío y, no es coincidencia, el tono de Nole aumenta y su juego gana brío ante un rival que da más que por bueno el trazado completado. El peruano Varillas, de 27 años y primer representante de su país en los octavos desde que consiguiera alcanzar la cota Jaim Yzaga en 1994, guerrea y obtiene escasa recompensa. Se da de bruces contra el muro. Había superado las tres escalas previas en cinco sets, pero cae irremediablemente en la tela de araña tejida por el de Belgrado. Se acerca la hora de la verdad y Nole se agranda. Está a tres triunfos de su vigesimotercer importantey sugiere que ahora sí, empieza a sentir que sus golpes hacen daño.

“Lo he disfrutado mucho, ha sido mi mejor actuación. Estoy muy contento y muy motivado para continuar”, le contesta a Marion Bartoli en la entrevista. “¿17 presencias en los cuartos? Eso significa que estoy haciéndome viejo…”, bromea en francés, mientras la grada parisina lima asperezas y le vitorea. Lo dicho, curiosa relación; París y Djokovic, ni contigo ni sin ti. “He sentido una gran energía y esta victoria llega en el momento perfecto. La cosa se va a poner dura, pero me gusta cómo estoy jugando. Me siento mejor que en los últimos meses. Estos últimos diez días son en los que mejor que me estoy encontrando desde Australia (donde ganó). Tengo que seguir adelante y no permitirme pensar muy lejos, pero voy por el buen camino”, añade en la charla con Mats Wilander en Eurosport.

Pese a sus estratosféricos registros en rápida, Djokovic sigue demostrando su competitividad sobre la tierra. Suma 89 victorias en el torneo –solo está delante Nadal, con 112– y aspira a su tercera cumbre en Roland Garros, donde aterrizó con un discurso rebajado y las peores cifras preparatorias de su carrera. Pese a la inactividad posterior a Australia –no compitió en la gira norteamericana por su negativa a vacunarse contra el covid– y pese a todas las circunstancias, a sentirse mayor y a echar de menos a Nadal, a los dolores que dice sufrir también, Nole ya está ahí, sigiloso, como el depredador detrás del matorral. Si eleva la Copa de los Mosqueteros el día 11, igualará a terrícolas de pura raza como Kuerten, Wilander o Lendl. En París, despierta poco a poco el gran devorador de la raqueta.

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